Estamos asistiendo en los últimos días, y hoy sobre todo, a bajadas de infarto en los valores bursátiles del sector inmobiliario y de construcción.
Cierto es que estos valores estaban sobrevalorados, que las acciones no podían estar subiendo del modo en que lo han hecho en los últimos tiempos, y que todo lo que sube tiene que bajar.
Es cierto también que el precio de la vivienda, la especulación urbanística, el precio del suelo, las inversiones inmobiliarias en general han suscitado un clima de ansiedad en la ciudadanía que ha ido creciendo poco a poco, sobre todo por lo primero, el elevadísimo precio de la vivienda, que hace una tarea casi imposible su compra, sobre todo en determinadas zonas de España.
En los últimos 14 ó 15 meses el Euribor ha crecido aproximadamente un tercio, más de un 30 % (y no el poco más de 1 % que dicen los sesudos comentaristas, en valor absoluto es un punto, pero en términos relativos supone pasar de poco más del 2 a algo más del 3 %, o sea, el tercio que decía antes).
Todo esto, unido a la campaña institucional seguida por la mayoría de medios de comunicación, que machaconamente insiste en el reventón de la “burbuja inmobiliaria”, puede hacer que pasemos de un aterrizaje suave a una caida brutal en ventas, en precios, en promociones, en nivel de empleo, es decir, puede suponer el principio del fin de la bonanza económica en la que se basa el ínclito ZP para aferrarse al poder.
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