11 Comentarios
Como cada lunes, he visto el programa. El de este lunes ha sido, sinceramente, lamentable. El señor Racionero no sabía de qué va esto de la educación para la ciudadanía. A medida que Albiac lo iba "poniendo en órbita", iba al mismo tiempo dándose cuenta de su desconocimiento, no teniendo más remedio que ir rectificando sus posiciones iniciales sobre la marcha. Lo dicho, lamentable. Pero al menos gracioso.
Pues a mí me ha gustado.
Luis Racionero podría ser de esos liberales que criticaba Pedro Schwartz,un liberal clásico,por su excesivo hedonismo o psiconautismo.Son liberales à la upydciutadans o neocon(por su recuerdo Californiano),o eustonianos.Pero entre ellos se encuentran mentes preclaras.¿Veremos alguna vez por aquí a Arcadi Espada?
Si se acompaña de rigor,constancia y productividad:ancha es Castilla.Ya Platón buscaba la razón en estados alterados de percepción.
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2] Enviado por
Kanoute desde

el 12/03/2008 a las 00:03:25
Muy buena la entrevista. Hay que seguir asi.
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3] Enviado por
zarandona desde

el 12/03/2008 a las 20:03:58
1. Reeducación para la ciudadanía - 10/03/08 – Klemperer y la manipulación del lenguaje como instrumento de control social.
http://www.libertaddigital.tv/ldtv.php/programas/ver-reeducacionparalaciudadania/reeducacion_para_la_ciudadania_10_03_08/
“El lenguaje del vencedor no se habla impunemente. Ese lenguaje se respira y se vive según él”. Viktor Klemperer llega a tan desoladora conclusión tras una doble y excepcional experiencia. Catedrático de Literatura en Dresden, la llegada al poder del nazismo supuso su expulsión automática del mundo académico. Como judío, aun las salas de las bibliotecas le quedaban negadas. Sobrevivió ejerciendo los trabajos más ínfimos; sobrevivió, sin embargo. Y burló la locura en esos quince años empleando todo su saber académico en un peculiar trabajo de campo que nadie podía vetarle: la catalogación y análisis de las formas perversas que el nazismo iba imponiendo en el uso espontáneo de la lengua y, con ello, en la fabricación a la medida de las conciencias.
A aquella lengua artificial, a sus jergas, sus retóricas, la llamó irónicamente Klemperer, “LTI” –Lingua Tertii Imperii, lengua del tercer imperio, del Tercer Reich- y supo ver en ella una clave mayor de la eficacia del despotismo hitleriano; el veneno que se encuentra por doquier porque es transportado por el agua potable de la LTI y del que nadie está a salvo.
Nadie, nunca, en efecto, está a salvo del cúmulo de certezas, valores, prejuicios, suposiciones que la lengua arrastra consigo. Por eso, una ingeniería anímica eficiente exige sobre todo el control doctrinario que demarca lo que debe ser dicho y aquello para lo cual ni siquiera existen palabras. Si se logra plenamente tal investidura valorativa del lenguaje, ni siquiera será ya necesario que los individuos se declaren formalmente nazis. El nazismo habrá contaminado, lo sepan y proclamen o no, hasta el último repliegue de sus afectos. La propaganda es, en las estrategias del nazismo, el corazón de la toma del poder. La educación no será sino su faceta más clara. Tallar las mentes infantiles a la medida exacta de lo que el Führer espera de ellos. Y a través de la voz del Führer, lo que de ellos esperan tierra, Patria y sangre: “Si yo me presentase ante la masa con argumentos razonables no me comprenderían –proclama Hitler-, pero cuando despierto en ella los sentimientos que le convienen, la masa sigue de inmediato los mandatos de mi voz. En política –concluye-; no hay lugar para el pensamiento.
La manipulación milimétrica de lo emotivo debe regir, así, la emergencia de una juventud fanatizada en el fervor de sus afectos inducidos, inmune a cualquier pretensión de racionalidad o de conocimiento.
“Estamos en el final del siglo de la razón”, proclama Hitler. “La soberanía del espíritu es la degradación patológica de la vida normal. Por eso, brutalidad y crueldad deben ser las virtudes de una nueva kultur salvaje, exenta de prejuicios, morales o intelectualistas, dice Hitler. Una juventud cuyos afectos, cuidadosamente planificados por el partido, no estarán mediatizados ni por remordimientos ni por análisis críticos. Tal será el hombre nuevo que la educación nacionalsocialista está llamada a crear. “Haremos crecer una juventud –dice Hitler- ante la cual temblará el mundo; una juventud violenta, impetuosa, intrépida, cruel. Así lo quiero. Quiero que tenga la fuerza y belleza de las jóvenes fieras. No quiero instrucción alguna para sus espíritus; el saber no haría más que corromper a mis juventudes.
Educar es, en esa “LTI” de la cual habla Klemperer, orientar según conviene en los afectos de la joven bestia. Tal, la clave del nazismo. Y su casi calcada resonancia entre nosotros, eso a lo que han llamado Educación para la ciudadanía que nosotros preferimos llamar “reeducación”; reeducación ciudadana; arte de amaestrar afectos.
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4] Enviado por
Ikayé desde

el 19/03/2008 a las 19:03:51
Estoy con «desobediente» aunque no por los mismos argumentos que nos secundo menos agravados.
Ha faltado la última parte del programa.
Se ha dicho algo bastante cínico "la televisión es un medio de cretinización" con la posterior risa de G.A. Pogamos por un ejemplo, LD, lo cual nos lleva a al menos aseverar, cuando no imperar, que no toda.
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5] Enviado por
jselezado desde

el 21/03/2008 a las 03:03:37
9. Reeducación para la ciudadanía - 10/03/08 – Klemperer y la manipulación del lenguaje como instrumento de control social.
Entrevista a Luis Racionero, escritor.
http://www.libertaddigital.tv/ldtv.php/programas/ver-reeducacionparalaciudadania/reeducacion_para_la_ciudadania_10_03_08/
“El lenguaje del vencedor no se habla impunemente. Ese lenguaje se respira y se vive según él”. Viktor Klemperer llega a tan desoladora conclusión tras una doble y excepcional experiencia. Catedrático de Literatura en Dresden, la llegada al poder del nazismo supuso su expulsión automática del mundo académico. Como judío, aun las salas de las bibliotecas le quedaban negadas. Sobrevivió ejerciendo los trabajos más ínfimos; sobrevivió, sin embargo. Y burló la locura en esos quince años empleando todo su saber académico en un peculiar trabajo de campo que nadie podía vetarle: la catalogación y análisis de las formas perversas que el nazismo iba imponiendo en el uso espontáneo de la lengua y, con ello, en la fabricación a la medida de las conciencias.
A aquella lengua artificial, a sus jergas, sus retóricas, la llamó irónicamente Klemperer, “LTI” –Lingua Tertii Imperii, lengua del tercer imperio, del Tercer Reich- y supo ver en ella una clave mayor de la eficacia del despotismo hitleriano; el veneno que se encuentra por doquier porque es transportado por el agua potable de la LTI y del que nadie está a salvo.
Nadie, nunca, en efecto, está a salvo del cúmulo de certezas, valores, prejuicios, suposiciones que la lengua arrastra consigo. Por eso, una ingeniería anímica eficiente exige sobre todo el control doctrinario que demarca lo que debe ser dicho y aquello para lo cual ni siquiera existen palabras. Si se logra plenamente tal investidura valorativa del lenguaje, ni siquiera será ya necesario que los individuos se declaren formalmente nazis. El nazismo habrá contaminado, lo sepan y proclamen o no, hasta el último repliegue de sus afectos. La propaganda es, en las estrategias del nazismo, el corazón de la toma del poder. La educación no será sino su faceta más clara. Tallar las mentes infantiles a la medida exacta de lo que el Führer espera de ellos. Y a través de la voz del Führer, lo que de ellos esperan tierra, Patria y sangre: “Si yo me presentase ante la masa con argumentos razonables no me comprenderían –proclama Hitler-, pero cuando despierto en ella los sentimientos que le convienen, la masa sigue de inmediato los mandatos de mi voz. En política –concluye-; no hay lugar para el pensamiento.
La manipulación milimétrica de lo emotivo debe regir, así, la emergencia de una juventud fanatizada en el fervor de sus afectos inducidos, inmune a cualquier pretensión de racionalidad o de conocimiento.
“Estamos en el final del siglo de la razón”, proclama Hitler. “La soberanía del espíritu es la degradación patológica de la vida normal. Por eso, brutalidad y crueldad deben ser las virtudes de una nueva kultur salvaje, exenta de prejuicios, morales o intelectualistas, dice Hitler. Una juventud cuyos afectos, cuidadosamente planificados por el partido, no estarán mediatizados ni por remordimientos ni por análisis críticos. Tal será el hombre nuevo que la educación nacionalsocialista está llamada a crear. “Haremos crecer una juventud –dice Hitler- ante la cual temblará el mundo; una juventud violenta, impetuosa, intrépida, cruel. Así lo quiero. Quiero que tenga la fuerza y belleza de las jóvenes fieras. No quiero instrucción alguna para sus espíritus; el saber no haría más que corromper a mis juventudes.
Educar es, en esa “LTI” de la cual habla Klemperer, orientar según conviene en los afectos de la joven bestia. Tal, la clave del nazismo. Y su casi calcada resonancia entre nosotros, eso a lo que han llamado Educación para la ciudadanía que nosotros preferimos llamar “reeducación”; reeducación ciudadana; arte de amaestrar afectos.
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6] Enviado por
Ikayé desde

el 27/03/2008 a las 12:03:25
9. Reeducación para la ciudadanía - 10/03/08 – Klemperer y la manipulación del lenguaje como instrumento de control social.
Entrevista a Luis Racionero, escritor.
http://www.libertaddigital.tv/ldtv.php/programas/ver-reeducacionparalaciudadania/reeducacion_para_la_ciudadania_10_03_08/
“El lenguaje del vencedor no se habla impunemente. Ese lenguaje se respira y se vive según él”. Viktor Klemperer llega a tan desoladora conclusión tras una doble y excepcional experiencia. Catedrático de Literatura en Dresden, la llegada al poder del nazismo supuso su expulsión automática del mundo académico. Como judío, aun las salas de las bibliotecas le quedaban negadas. Sobrevivió ejerciendo los trabajos más ínfimos; sobrevivió, sin embargo. Y burló la locura en esos quince años empleando todo su saber académico en un peculiar trabajo de campo que nadie podía vetarle: la catalogación y análisis de las formas perversas que el nazismo iba imponiendo en el uso espontáneo de la lengua y, con ello, en la fabricación a la medida de las conciencias.
A aquella lengua artificial, a sus jergas, sus retóricas, la llamó irónicamente Klemperer, “LTI” –Lingua Tertii Imperii, lengua del tercer imperio, del Tercer Reich- y supo ver en ella una clave mayor de la eficacia del despotismo hitleriano; el veneno que se encuentra por doquier porque es transportado por el agua potable de la LTI y del que nadie está a salvo.
Nadie, nunca, en efecto, está a salvo del cúmulo de certezas, valores, prejuicios, suposiciones que la lengua arrastra consigo. Por eso, una ingeniería anímica eficiente exige sobre todo el control doctrinario que demarca lo que debe ser dicho y aquello para lo cual ni siquiera existen palabras. Si se logra plenamente tal investidura valorativa del lenguaje, ni siquiera será ya necesario que los individuos se declaren formalmente nazis. El nazismo habrá contaminado, lo sepan y proclamen o no, hasta el último repliegue de sus afectos. La propaganda es, en las estrategias del nazismo, el corazón de la toma del poder. La educación no será sino su faceta más clara. Tallar las mentes infantiles a la medida exacta de lo que el Führer espera de ellos. Y a través de la voz del Führer, lo que de ellos esperan tierra, Patria y sangre: “Si yo me presentase ante la masa con argumentos razonables no me comprenderían –proclama Hitler-, pero cuando despierto en ella los sentimientos que le convienen, la masa sigue de inmediato los mandatos de mi voz. En política –concluye-; no hay lugar para el pensamiento.
La manipulación milimétrica de lo emotivo debe regir, así, la emergencia de una juventud fanatizada en el fervor de sus afectos inducidos, inmune a cualquier pretensión de racionalidad o de conocimiento.
“Estamos en el final del siglo de la razón”, proclama Hitler. “La soberanía del espíritu es la degradación patológica de la vida normal. Por eso, brutalidad y crueldad deben ser las virtudes de una nueva kultur salvaje, exenta de prejuicios, morales o intelectualistas, dice Hitler. Una juventud cuyos afectos, cuidadosamente planificados por el partido, no estarán mediatizados ni por remordimientos ni por análisis críticos. Tal será el hombre nuevo que la educación nacionalsocialista está llamada a crear. “Haremos crecer una juventud –dice Hitler- ante la cual temblará el mundo; una juventud violenta, impetuosa, intrépida, cruel. Así lo quiero. Quiero que tenga la fuerza y belleza de las jóvenes fieras. No quiero instrucción alguna para sus espíritus; el saber no haría más que corromper a mis juventudes.
Educar es, en esa “LTI” de la cual habla Klemperer, orientar según conviene en los afectos de la joven bestia. Tal, la clave del nazismo. Y su casi calcada resonancia entre nosotros, eso a lo que han llamado Educación para la ciudadanía que nosotros preferimos llamar “reeducación”; reeducación ciudadana; arte de amaestrar afectos.
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7] Enviado por
Ikayé desde

el 01/04/2008 a las 15:04:12
9. Reeducación para la ciudadanía - 10/03/08 – Klemperer y la manipulación del lenguaje como instrumento de control social.
Entrevista a Luis Racionero, escritor.
http://www.libertaddigital.tv/ldtv.php/programas/ver-reeducacionparalaciudadania/reeducacion_para_la_ciudadania_10_03_08/
“El lenguaje del vencedor no se habla impunemente. Ese lenguaje se respira y se vive según él”. Viktor Klemperer llega a tan desoladora conclusión tras una doble y excepcional experiencia. Catedrático de Literatura en Dresden, la llegada al poder del nazismo supuso su expulsión automática del mundo académico. Como judío, aun las salas de las bibliotecas le quedaban negadas. Sobrevivió ejerciendo los trabajos más ínfimos; sobrevivió, sin embargo. Y burló la locura en esos quince años empleando todo su saber académico en un peculiar trabajo de campo que nadie podía vetarle: la catalogación y análisis de las formas perversas que el nazismo iba imponiendo en el uso espontáneo de la lengua y, con ello, en la fabricación a la medida de las conciencias.
A aquella lengua artificial, a sus jergas, sus retóricas, la llamó irónicamente Klemperer, “LTI” –Lingua Tertii Imperii, lengua del tercer imperio, del Tercer Reich- y supo ver en ella una clave mayor de la eficacia del despotismo hitleriano; el veneno que se encuentra por doquier porque es transportado por el agua potable de la LTI y del que nadie está a salvo.
Nadie, nunca, en efecto, está a salvo del cúmulo de certezas, valores, prejuicios, suposiciones que la lengua arrastra consigo. Por eso, una ingeniería anímica eficiente exige sobre todo el control doctrinario que demarca lo que debe ser dicho y aquello para lo cual ni siquiera existen palabras. Si se logra plenamente tal investidura valorativa del lenguaje, ni siquiera será ya necesario que los individuos se declaren formalmente nazis. El nazismo habrá contaminado, lo sepan y proclamen o no, hasta el último repliegue de sus afectos. La propaganda es, en las estrategias del nazismo, el corazón de la toma del poder. La educación no será sino su faceta más clara. Tallar las mentes infantiles a la medida exacta de lo que el Führer espera de ellos. Y a través de la voz del Führer, lo que de ellos esperan tierra, Patria y sangre: “Si yo me presentase ante la masa con argumentos razonables no me comprenderían –proclama Hitler-, pero cuando despierto en ella los sentimientos que le convienen, la masa sigue de inmediato los mandatos de mi voz. En política –concluye-; no hay lugar para el pensamiento.
La manipulación milimétrica de lo emotivo debe regir, así, la emergencia de una juventud fanatizada en el fervor de sus afectos inducidos, inmune a cualquier pretensión de racionalidad o de conocimiento.
“Estamos en el final del siglo de la razón”, proclama Hitler. “La soberanía del espíritu es la degradación patológica de la vida normal. Por eso, brutalidad y crueldad deben ser las virtudes de una nueva kultur salvaje, exenta de prejuicios, morales o intelectualistas, dice Hitler. Una juventud cuyos afectos, cuidadosamente planificados por el partido, no estarán mediatizados ni por remordimientos ni por análisis críticos. Tal será el hombre nuevo que la educación nacionalsocialista está llamada a crear. “Haremos crecer una juventud –dice Hitler- ante la cual temblará el mundo; una juventud violenta, impetuosa, intrépida, cruel. Así lo quiero. Quiero que tenga la fuerza y belleza de las jóvenes fieras. No quiero instrucción alguna para sus espíritus; el saber no haría más que corromper a mis juventudes.
Educar es, en esa “LTI” de la cual habla Klemperer, orientar según conviene en los afectos de la joven bestia. Tal, la clave del nazismo. Y su casi calcada resonancia entre nosotros, eso a lo que han llamado Educación para la ciudadanía que nosotros preferimos llamar “reeducación”; reeducación ciudadana; arte de amaestrar afectos.
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el 01/04/2008 a las 15:04:18
9. Reeducación para la ciudadanía - 10/03/08 – Klemperer y la manipulación del lenguaje como instrumento de control social.
Entrevista a Luis Racionero, escritor.
http://www.libertaddigital.tv/ldtv.php/programas/ver-reeducacionparalaciudadania/reeducacion_para_la_ciudadania_10_03_08/
“El lenguaje del vencedor no se habla impunemente. Ese lenguaje se respira y se vive según él”. Viktor Klemperer llega a tan desoladora conclusión tras una doble y excepcional experiencia. Catedrático de Literatura en Dresden, la llegada al poder del nazismo supuso su expulsión automática del mundo académico. Como judío, aun las salas de las bibliotecas le quedaban negadas. Sobrevivió ejerciendo los trabajos más ínfimos; sobrevivió, sin embargo. Y burló la locura en esos quince años empleando todo su saber académico en un peculiar trabajo de campo que nadie podía vetarle: la catalogación y análisis de las formas perversas que el nazismo iba imponiendo en el uso espontáneo de la lengua y, con ello, en la fabricación a la medida de las conciencias.
A aquella lengua artificial, a sus jergas, sus retóricas, la llamó irónicamente Klemperer, “LTI” –Lingua Tertii Imperii, lengua del tercer imperio, del Tercer Reich- y supo ver en ella una clave mayor de la eficacia del despotismo hitleriano; el veneno que se encuentra por doquier porque es transportado por el agua potable de la LTI y del que nadie está a salvo.
Nadie, nunca, en efecto, está a salvo del cúmulo de certezas, valores, prejuicios, suposiciones que la lengua arrastra consigo. Por eso, una ingeniería anímica eficiente exige sobre todo el control doctrinario que demarca lo que debe ser dicho y aquello para lo cual ni siquiera existen palabras. Si se logra plenamente tal investidura valorativa del lenguaje, ni siquiera será ya necesario que los individuos se declaren formalmente nazis. El nazismo habrá contaminado, lo sepan y proclamen o no, hasta el último repliegue de sus afectos. La propaganda es, en las estrategias del nazismo, el corazón de la toma del poder. La educación no será sino su faceta más clara. Tallar las mentes infantiles a la medida exacta de lo que el Führer espera de ellos. Y a través de la voz del Führer, lo que de ellos esperan tierra, Patria y sangre: “Si yo me presentase ante la masa con argumentos razonables no me comprenderían –proclama Hitler-, pero cuando despierto en ella los sentimientos que le convienen, la masa sigue de inmediato los mandatos de mi voz. En política –concluye-; no hay lugar para el pensamiento.
La manipulación milimétrica de lo emotivo debe regir, así, la emergencia de una juventud fanatizada en el fervor de sus afectos inducidos, inmune a cualquier pretensión de racionalidad o de conocimiento.
“Estamos en el final del siglo de la razón”, proclama Hitler. “La soberanía del espíritu es la degradación patológica de la vida normal. Por eso, brutalidad y crueldad deben ser las virtudes de una nueva kultur salvaje, exenta de prejuicios, morales o intelectualistas, dice Hitler. Una juventud cuyos afectos, cuidadosamente planificados por el partido, no estarán mediatizados ni por remordimientos ni por análisis críticos. Tal será el hombre nuevo que la educación nacionalsocialista está llamada a crear. “Haremos crecer una juventud –dice Hitler- ante la cual temblará el mundo; una juventud violenta, impetuosa, intrépida, cruel. Así lo quiero. Quiero que tenga la fuerza y belleza de las jóvenes fieras. No quiero instrucción alguna para sus espíritus; el saber no haría más que corromper a mis juventudes.
Educar es, en esa “LTI” de la cual habla Klemperer, orientar según conviene en los afectos de la joven bestia. Tal, la clave del nazismo. Y su casi calcada resonancia entre nosotros, eso a lo que han llamado Educación para la ciudadanía que nosotros preferimos llamar “reeducación”; reeducación ciudadana; arte de amaestrar afectos.
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el 01/04/2008 a las 15:04:34
9. Reeducación para la ciudadanía - 10/03/08 – Klemperer y la manipulación del lenguaje como instrumento de control social.
Entrevista a Luis Racionero, escritor.
http://www.libertaddigital.tv/ldtv.php/programas/ver-reeducacionparalaciudadania/reeducacion_para_la_ciudadania_10_03_08/
“El lenguaje del vencedor no se habla impunemente. Ese lenguaje se respira y se vive según él”. Viktor Klemperer llega a tan desoladora conclusión tras una doble y excepcional experiencia. Catedrático de Literatura en Dresden, la llegada al poder del nazismo supuso su expulsión automática del mundo académico. Como judío, aun las salas de las bibliotecas le quedaban negadas. Sobrevivió ejerciendo los trabajos más ínfimos; sobrevivió, sin embargo. Y burló la locura en esos quince años empleando todo su saber académico en un peculiar trabajo de campo que nadie podía vetarle: la catalogación y análisis de las formas perversas que el nazismo iba imponiendo en el uso espontáneo de la lengua y, con ello, en la fabricación a la medida de las conciencias.
A aquella lengua artificial, a sus jergas, sus retóricas, la llamó irónicamente Klemperer, “LTI” –Lingua Tertii Imperii, lengua del tercer imperio, del Tercer Reich- y supo ver en ella una clave mayor de la eficacia del despotismo hitleriano; el veneno que se encuentra por doquier porque es transportado por el agua potable de la LTI y del que nadie está a salvo.
Nadie, nunca, en efecto, está a salvo del cúmulo de certezas, valores, prejuicios, suposiciones que la lengua arrastra consigo. Por eso, una ingeniería anímica eficiente exige sobre todo el control doctrinario que demarca lo que debe ser dicho y aquello para lo cual ni siquiera existen palabras. Si se logra plenamente tal investidura valorativa del lenguaje, ni siquiera será ya necesario que los individuos se declaren formalmente nazis. El nazismo habrá contaminado, lo sepan y proclamen o no, hasta el último repliegue de sus afectos. La propaganda es, en las estrategias del nazismo, el corazón de la toma del poder. La educación no será sino su faceta más clara. Tallar las mentes infantiles a la medida exacta de lo que el Führer espera de ellos. Y a través de la voz del Führer, lo que de ellos esperan tierra, Patria y sangre: “Si yo me presentase ante la masa con argumentos razonables no me comprenderían –proclama Hitler-, pero cuando despierto en ella los sentimientos que le convienen, la masa sigue de inmediato los mandatos de mi voz. En política –concluye-; no hay lugar para el pensamiento.
La manipulación milimétrica de lo emotivo debe regir, así, la emergencia de una juventud fanatizada en el fervor de sus afectos inducidos, inmune a cualquier pretensión de racionalidad o de conocimiento.
“Estamos en el final del siglo de la razón”, proclama Hitler. “La soberanía del espíritu es la degradación patológica de la vida normal. Por eso, brutalidad y crueldad deben ser las virtudes de una nueva kultur salvaje, exenta de prejuicios, morales o intelectualistas, dice Hitler. Una juventud cuyos afectos, cuidadosamente planificados por el partido, no estarán mediatizados ni por remordimientos ni por análisis críticos. Tal será el hombre nuevo que la educación nacionalsocialista está llamada a crear. “Haremos crecer una juventud –dice Hitler- ante la cual temblará el mundo; una juventud violenta, impetuosa, intrépida, cruel. Así lo quiero. Quiero que tenga la fuerza y belleza de las jóvenes fieras. No quiero instrucción alguna para sus espíritus; el saber no haría más que corromper a mis juventudes.
Educar es, en esa “LTI” de la cual habla Klemperer, orientar según conviene en los afectos de la joven bestia. Tal, la clave del nazismo. Y su casi calcada resonancia entre nosotros, eso a lo que han llamado Educación para la ciudadanía que nosotros preferimos llamar “reeducación”; reeducación ciudadana; arte de amaestrar afectos.
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10] Enviado por
Ikayé desde

el 07/04/2008 a las 14:04:19