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Reeducación para la ciudadanía - 17/03/08
Esta semana, Gabriel Albiac recibe en su programa a la ex ministra de Educación, Pilar del Castillo. Junto a ella, el catedrático de filosofía discutirá el valor educativo de esta materia de estudio impulsada por el Gobierno de Zapatero.

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Según Kant, el ciudadano, en su "ilustrada mayoría de edad", ha de ser un ciudadano inquebrantablemente obediente al Estado. Esto es lo que dice Kant en "De la relación entre teoría y práctica en el Derecho Político (Contra Hobbes":

"Pero si una ley pública es legítima y, por consiguiente, irreprochable (irreprensible) desde el punto de vista del derecho, están también ligadas a ella la facultad de coaccionar y, por el otro lado, la prohibición de oponerse a la voluntad del legislador, incluso aunque no sea de obra; es decir: el poder que en el Estado da efectividad a la ley no admite resistencia (es irresistible), y no hay comunidad jurídicamente constituida sin tal poder, sin un poder que eche por tierra toda resistencia interior, pues ésta acontecería conforme a una máxima que, universalizada, destruiría toda constitución civil, aniquilando el único estado en que los hombres pueden poseer derechos en general.
De ahí se sigue que toda oposición contra el supremo poder del legislativo, toda incitación que haga pasar a la acción el descontento de los súbditos, todo levantamiento que estalle en rebelión, es el delito supremo y más punible en una comunidad, porque destruye sus fundamentos. Y esta prohibición es incondicionada, de suerte que, aun cuando aquel poder o su agente –el jefe de Estado- haya llegado a violar el contrato originario y a perder con eso, ante los ojos del súbdito, el derecho a ser legislador por autorizar al gobierno para que proceda de modo absolutamente despótico (tiránico), a pesar de todo sigue sin estar permitida al súbdito ninguna oposición a título de contraviolencia"
[1] Enviado por desobediente desde Spain el 18/03/2008 a las 09:03:24


10. Reeducación para la ciudadanía - 17/03/08 – Impedir que la enseñanza cumpla su papel de acceso a la edad adulta o cómo controlar a una sociedad. Kant y la libertad a través de la Educación.
Entrevista a Pilar del Castillo, ex ministra de Educación, Cultura y Deportes.
http://www.libertaddigital.tv/ldtv.php/programas/ver-reeducacionparalaciudadania/reeducacion_para_la_ciudadania_17_03_08/

“La Ilustración –escribe Immanuel Kant- consiste en el hecho por el cual el hombre sale de la minoría de edad. (…) Es un acontecimiento esencial. Sin ese tránsito a la edad adulta, ni razón ni libertad serían más que palabras vanas”. En su lugar, piensa Kant que “de la Humanidad quedaría apenas un atontado rebaño de reses domesticadas –dice Kant-, de modo que estas pacíficas criaturas no osaran dar un solo paso fuera de las andaduras en que están metidas”.

Nada desea más el poder que la perpetuación de ese rebaño en una permanente infancia. De la infantilización, de la instalación en la ignorancia y la repetición catequética más plana obtiene todo poder constituido su blindada garantía de mando. Infantilizar es reducir una sociedad a la condición limitada de sierva. Es muy fácil de hacer de ese despotismo, leyenda bucólica. Exaltar la reducción de disciplina y esfuerzo en la escuela; dejar la escuela en escombro. Llamar “reaccionario” al esfuerzo de estudiar, conocer, abrir paso al áspero conocimiento que hace del animal sumiso un hombre, un hombre libre. Es tan fácil proclamar los encantos de un mundo de ignorantes perpetuos. Infans, en su sentido más literal; infans: el que no habla porque nada sabe.

“Es tan cómodo ser menor de edad –ironiza Kant en 1784-. Si tengo un libro que piensa por mí, un pastor que reemplaza mi conciencia moral, un médico que juzga acerca de mi dieta y así sucesivamente, entonces no necesitaré para nada del propio esfuerzo”.

Un amo, es lo que se busca en su lugar, que imponga su bien. Un chamán en otros tiempos y geografías. Uno ante el cual no tenga más que obedecer yo y ser sumiso. Un dueño universal de la doctrina. Las sociedades modernas lo llaman un “Estado”.

La condición ciudadana se inventa a sí misma para resistirse a eso; a la cesión de todo cuanto soy y puedo ser en manos de una maquinaria que acumula necesariamente más fuerza, más violencia, más capacidad de distorsión que invento alguno jamás puesto en pie por nuestra especie. No hay sociedad moderna sin esa demoledora máquina, es cierto, pero no hay ciudadanía sin la sistemática resistencia de cada uno de nosotros frente a ella.

La instrucción pública ha sido, en nuestras sociedades modernas, la pieza clave para esa legítima defensa del ciudadano libre frente al Estado. Aprender para acumular ese saber que me permite no quedar reducido a engranaje pasivo en manos del que manda. Saber para ser libre o luchar por ello, al menos. Y en el Estado hay siempre la tentación de quebrar eso; de hacer añicos el alma instruida de sus futuros ciudadanos cuando aún es tiempo, antes de que saber y edad adulta hagan de ellos sujetos firmes en su fuerza y apuesta. Es la forma más perversa del Estado por hundirlos para siempre en una estúpida infancia. Que no hablen, que no piensen, que sean sólo complacidos siervos amaestrados adecuadamente, adecuadamente adoctrinados. Es el letal sucedáneo de la ciudadanía; reeducación en el rebaño.
[2] Enviado por Ikayé desde Europe el 07/04/2008 a las 14:04:03


10. Reeducación para la ciudadanía - 17/03/08 – Impedir que la enseñanza cumpla su papel de acceso a la edad adulta o cómo controlar a una sociedad. Kant y la libertad a través de la Educación.
Entrevista a Pilar del Castillo, ex ministra de Educación, Cultura y Deportes.
http://www.libertaddigital.tv/ldtv.php/programas/ver-reeducacionparalaciudadania/reeducacion_para_la_ciudadania_17_03_08/

“La Ilustración –escribe Immanuel Kant- consiste en el hecho por el cual el hombre sale de la minoría de edad. (…) Es un acontecimiento esencial. Sin ese tránsito a la edad adulta, ni razón ni libertad serían más que palabras vanas”. En su lugar, piensa Kant que “de la Humanidad quedaría apenas un atontado rebaño de reses domesticadas –dice Kant-, de modo que estas pacíficas criaturas no osaran dar un solo paso fuera de las andaduras en que están metidas”.

Nada desea más el poder que la perpetuación de ese rebaño en una permanente infancia. De la infantilización, de la instalación en la ignorancia y la repetición catequética más plana obtiene todo poder constituido su blindada garantía de mando. Infantilizar es reducir una sociedad a la condición limitada de sierva. Es muy fácil de hacer de ese despotismo, leyenda bucólica. Exaltar la reducción de disciplina y esfuerzo en la escuela; dejar la escuela en escombro. Llamar “reaccionario” al esfuerzo de estudiar, conocer, abrir paso al áspero conocimiento que hace del animal sumiso un hombre, un hombre libre. Es tan fácil proclamar los encantos de un mundo de ignorantes perpetuos. Infans, en su sentido más literal; infans: el que no habla porque nada sabe.
“Es tan cómodo ser menor de edad –ironiza Kant en 1784-. Si tengo un libro que piensa por mí, un pastor que reemplaza mi conciencia moral, un médico que juzga acerca de mi dieta y así sucesivamente, entonces no necesitaré para nada del propio esfuerzo”.

Un amo, es lo que se busca en su lugar, que imponga su bien. Un chamán en otros tiempos y geografías. Uno ante el cual no tenga más que obedecer yo y ser sumiso. Un dueño universal de la doctrina. Las sociedades modernas lo llaman un “Estado”.

La condición ciudadana se inventa a sí misma para resistirse a eso; a la cesión de todo cuanto soy y puedo ser en manos de una maquinaria que acumula necesariamente más fuerza, más violencia, más capacidad de distorsión que invento alguno jamás puesto en pie por nuestra especie. No hay sociedad moderna sin esa demoledora máquina, es cierto, pero no hay ciudadanía sin la sistemática resistencia de cada uno de nosotros frente a ella.

La instrucción pública ha sido, en nuestras sociedades modernas, la pieza clave para esa legítima defensa del ciudadano libre frente al Estado. Aprender para acumular ese saber que me permite no quedar reducido a engranaje pasivo en manos del que manda. Saber para ser libre o luchar por ello, al menos. Y en el Estado hay siempre la tentación de quebrar eso; de hacer añicos el alma instruida de sus futuros ciudadanos cuando aún es tiempo, antes de que saber y edad adulta hagan de ellos sujetos firmes en su fuerza y apuesta. Es la forma más perversa del Estado por hundirlos para siempre en una estúpida infancia. Que no hablen, que no piensen, que sean sólo complacidos siervos amaestrados adecuadamente, adecuadamente adoctrinados. Es el letal sucedáneo de la ciudadanía; reeducación en el rebaño.
[3] Enviado por Ikayé desde Europe el 07/04/2008 a las 14:04:49


Aquí os dejo la introducción de Albiac.
Un saludo.

La ilustración, escribe Inmanuel Kant, consiste en el hecho por el cual el hombre sale de la minoría de edad. Es un acontecimiento esencial. Sin ese tránsito a la edad adulta ni razón ni libertad serían más que palabras vanas. En su lugar, piensa Kant, que de la humanidad quedaría apenas un atontado rebaño de reses domesticadas, dice Kant, de modo que estas pacíficas criaturas no osaran dar un solo paso fuera de las andaderas en que están metidas. Nada desea más el poder que la perpetuación de ese rebaño en una permanente infancia. De la infantilización, de la instalación en la ignorancia y la repetición catequética más plana, obtiene todo poder constituido su blindada garantía de mando.
Infantilizar es reducir a una sociedad a la condición limitada de sierva. Es muy fácil hacer de ese despotismo leyenda bucólica. Exaltar la reducción de disciplina y esfuerzo en la escuela, dejar la escuela en escombro, llamar reaccionario al esfuerzo por estudiar, conocer, abrir paso al áspero conocimiento que hace del animal sumiso un hombre, un hombre libre. ¡Es tan fácil proclamar los encantos de un mundo de ignorantes perpetuos! “Infants” en su sentido más literal. “Infants”, el que no habla, porque nada sabe. ¡Es tan cómodo ser menor de edad!, ironiza Kant en 1784, si tengo un libro que piensa por mí, un pastor que remplaza mi conciencia moral, un médico que juzga acerca de mi dieta, y así sucesivamente, entonces no necesitaré para nada del propio esfuerzo. Un amo es lo que se busca en su lugar, que imponga su guía, un chamán en otros tiempos y geografías. Uno, ante el cual no tenga mas que obedecer yo y ser sumiso. Un dueño universal de la doctrina. Las sociedades modernas lo llaman un Estado. La condición ciudadana se inventa a sí misma para resistirse a eso, a la cesión de todo cuanto soy y puedo ser en manos de una maquinaria que acumula necesariamente más poder, más violencia, más capacidad de distorsión que invento alguno jamás puesto en pie por nuestra especie. No hay sociedad moderna sin esa demoledora máquina, es cierto. Pero no hay ciudadanía sin la sistemática resistencia de cada uno de nosotros frente a ella. La instrucción pública ha sido en nuestras sociedades modernas la pieza clave para esa legítima defensa del ciudadano libre frente al Estado. Aprender para acumular ese saber que me permite no quedar reducido a engranaje pasivo en manos del que manda. Saber para ser libre. O luchar por ello al menos. Y en el Estado hay siempre la tentación de quebrar eso, de hacer añicos el alma instruida de sus futuros ciudadanos cuando aun es tiempo, antes de que saber y edad adulto hagan de ellos sujetos firmes en su fuerza. Y (¿esta?) apuesta es la forma más perversa del Estado por hundirlos para siempre en una estúpida infancia. Que no hablen, que no piensen, que sean sólo complacidos siervos, amaestrados adecuadamente, adecuadamente adoctrinados. Es el letal sucedáneo de la ciudadanía. Reeduccación en el rebaño.
[4] Enviado por Asclepio desde Spain el 13/04/2008 a las 15:04:23


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