11. Reeducación para la ciudadanía - 24/03/08 – La Educación o el último bastión de la izquierda revolucionaria y dogmática devenida en funcionaria.
Entrevista a Mercedes Ruiz Díaz, maestra y escritora. Autora de “Los límites de la educación” y “La secta pedagógica”.
http://www.libertaddigital.tv/ldtv.php/programas/ver-reeducacionparalaciudadania/reeducacion_para_la_ciudadania_24_03_08/
Cuando la ficción prima, el deseo acaba necesariamente por suplantar a la realidad. Y esa es la línea más recta a la catástrofe.
Un flujo de deseos sin objeto llevó al sistema escolar español al mayor desbarajuste de su historia. Corrían los años 80 y la realidad, es cierto, resultaba más bien insoportable para los ya cenicientos supervivientes de las mil asambleas estudiantiles de dos décadas antes que trazaron el disparate de la LOGSE. Trocados en pequeños funcionarios de un régimen descomunalmente corrupto, el felipismo, los tan mal avejentados izquierdistas de otro tiempo y de otro mundo ya marchitos dieron con la pantalla sobre la cual proyectar viejas retóricas ayunas ya de cualquier realidad que no fuera la oquedad de su propio restallar en el vacío. La insurrección era cosa arqueológica; de la revolución nada quedaba que no moviera a risa o a vergüenza; “izquierda” era sólo un vocablo bajo cuyo escudo robar impunemente. Ausente de realidad, el eco del deseo se proyectó entonces sobre un territorio imaginario: la escuela liberadora. Salía gratis, pensaron, sin la menor consciencia del dislate. Y los más ajados usos del lenguaje retornaron; harapos tristes de la vieja jerga traicionada. La LOGSE dio en ser el último refugio de todos los delirios más anacrónicos. En los mismos años en que bajo las siglas “GAL” se asesinaba al abrigo de sótanos y alcantarillas del Estado, en los años en que se robaba masivamente al abrigo del Estado, en los años que acabaron con hasta el último ensueño generoso de otro tiempo menos mezquino, en esos años hubo la LOGSE y sus proclamas hueras de educación no represiva y miríadas de sujetos cooptados por la corrupta administración felipista para poner en marcha aquella última orilla del libertarismo imaginario. Allí se inició el camino de analfabetización que el actual infantilismo zapaterista cierra.
Fue el fin; fin de la enseñanza media, por supuesto, convertida en una guardería universal carente del menor contenido académico. En un manicomio también donde el profesorado se veía sometido a la condición más delirante. Desprovistos de instrumentos disciplinares, puesto que la disciplina era cosa del pasado autoritario, privados de programas académicos precisos, puesto que la creatividad espontánea debía primar sobre el reaccionario saber codificado, abandonados a una suerte que les impedía, incluso, calificar a sus alumnos, puesto que las notas eran una msitificación burguesa del saber. Los profesores de enseñanza media se convirtieron en el verdadero lumpen proletariado de la sociedad española: mal pagados, despreciados, cuando no agredidos por alumnos y, lo que es, si cabe, peor, por padres de alumnos, abandonados por la administración a su suerte, los profesores fueron abocados a una desesperación acerca de la cual no engañan las estadísticas médicas: el más alto índice de tratamiento por depresión que registra, con diferencia, la población laboral española.
No hubo después de aquella política de tierra quemada rectificación seria que se dotase de instrumentos para recuperar algo de lo destruido. Los ocho años de gobierno del PP, incluso, pasaron –en lo que a la instrucción pública concierne- en vano, o casi. Luego llegó esta caída en la universal necedad de ahora.
Hoy, en España, no existe enseñanza media; no existe sistema educativo y esa es, tal vez, la catástrofe mayor que aguarda a los ciudadanos en los años que vienen.
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1] Enviado por
Ikayé desde

el 07/04/2008 a las 14:04:29
Cuando la ficción prima, el deseo acaba necesariamente por suplantar a la realidad. Y esa es la línea más recta a la catástrofe. Un flujo de deseos sin objeto llevó al sistema escolar español al mayor desbarajuste de su historia. Corrían los años ochenta y la realidad, es cierto, resultaba más bien insoportable para los ya cenicientos supervivientes de las mil asambleas estudiantiles de dos décadas antes que trazaron el disparate de la LOGSE. Trocados en pequeños funcionarios de un régimen descomunalmente corrupto, el felipismo, los tan mal avejentados izquierdistas de otro tiempo y otro mundo, ya marchitos, dieron con la pantalla sobre la cual proyectar viejas retóricas ayunas ya de cualquier realidad que no fuera la oquedad de su propio restallar en el vacío: la insurrección era cosa arqueológica; de la revolución nada quedaba que no moviera a risa o a vergüenza; izquierda era sólo un vocablo bajo cuyo escudo robar impunemente. Ausente de realidad, el eco del deseo se proyectó entonces sobre un territorio imaginario: la escuela liberadora. Salía gratis; pensaron, sin la menor consciencia del dislate. Y los más ajados usos del lenguaje retornaron, harapos tristes de la vieja jerga traicionada. La LOGSE dio en ser el último refugio de todos los delirios más anacrónicos. En los mismos años en que bajo las siglas GAL se asesinaba al abrigo de sótanos y alcantarillas del Estado, en los años en que se robaba masivamente al abrigo del Estado, en los años que acabaron con hasta el último ensueño generoso de otro tiempo menos mezquino, en esos años hubo la LOGSE, y sus proclamas hueras de su educación no represiva, y miríadas de sujetos coptados por la corrupta administración felipista para poner en marcha aquella última orilla del libertarismo imaginario. Allí se inició el camino de analfabetización que el actual infantilismo zapaterista cierra. Fue el fin. Fin de la enseñanza media, por supuesto, convertida en una guardería universal carente del menor contenido académico, en un manicomio también, donde el profesorado se veía sometido a la condición más delirante. Desprovistos de instrumentos disciplinares, puesto que la disciplina era cosa del pasado autoritario; privados de programas académicos precisos, puesto que la creatividad espontánea debía primar sobre el reaccionario saber codificado; abandonados a una suerte que les impedía incluso calificar a sus alumnos, puesto que las notas eran una mistificación burguesa del saber, los profesores de enseñanza media se convirtieron en el verdadero lumpen proletariado de la sociedad española. Mal pagados, despreciados cuando no agredidos por alumnos, y lo que es, si cabe, peor, por padres de alumnos. Abandonados por la administración a su suerte los profesores fueron abocados a una desesperación acerca de la cual no engañan las estadísticas médicas: el más alto índice de tratamiento por depresión que registra, con diferencia, la población laboral española. No hubo después de aquella política de tierra quemada rectificación seria que se dotase de instrumentos para recuperar algo de lo destruido. Los ocho años del gobierno del PP, incluso, pasaron, en lo que a la instrucción pública concierne, en vano. O casi. Luego llegó esta caída en la universal necedad de ahora. Hoy en España no existe enseñanza media. No existe sistema educativo. Y esa es, tal vez, la catástrofe mayor que aguarda a los ciudadanos en los años que vienen.
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2] Enviado por
Asclepio desde

el 14/04/2008 a las 19:04:14
Amigo Asclepio,
Gracias por tus transcripciones de los editoriales de G. Albiac. El "moderador" de LD TV debió ensimismarse y ha retrasado la publicación de los comentarios una barbaridad ! Por eso se han duplicado y más.
Al menos, así puede comprobarse el contenido de los editoriales y ver que hay más de un loco que ha decidido transcribirlos !
El moderador, por cierto, sigue sin decirnos cuál es la música que suena de fondo mientras G. Albiac habla.
Saludos.
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3] Enviado por
Ikayé desde

el 15/04/2008 a las 09:04:42