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Reeducación para la ciudadanía - 03/03/08
El escritor, periodista y director del Diario de la Noche en Telemadrid, Fernando Sánchez-Dragó es el invitado de Grabriel Albiac en Reeducación para la Ciudadanía. En el programa de hoy también se analizarán los puntos de vista de padres y profesores sobre la nueva asignatura de adoctrinamiento, con testimonios de miembros de cada uno de estos grupos.

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2 Comentarios


No entiendo bien a este personaje, es muy curiosos pero me cuesta...
http://epcno.blogpot.com
[1] Enviado por willisnaight desde Italy el 07/03/2008 a las 09:03:38


8. Reeducación para la ciudadanía - 3/03/08 –
http://www.libertaddigital.tv/ldtv.php/programas/ver-reeducacionparalaciudadania/reeducacion_para_la_ciudadania_03_03_08/

“La libertad del pueblo –anotaba Saint Just poco antes de que rodara su cabeza- está en su vida privada; no la turbéis”. Sabe que roto ese dique no hay ya línea de repliegue.

La invasión de lo privado ha sido la tentación de toda la política moderna. Tentación de suceder a la religión en su silla vacía, como definitivo reino de este mundo. Será el gran mito del romanticismo centroeuropeo a partir de 1795. Tenemos que tener una nueva mitología, una mitología de la razón; un “malsano espíritu” enviado del cielo tiene que fundar entre nosotros esta nueva religión; será la última gran obra, la más grande de la Humanidad, decían los primeros románticos. La política, la Historia o el Estado como construcción moral del mundo. Tal es la nueva religión mundana que alumbra el siglo de las revoluciones y el anticipo de esa maldición que regirá el destino mortífero del siglo XX. La religión del aufgebing, de la Historia como consumación inexorable del progreso humano.

Robespierre es el primero en afirmar su dimensión de religión nueva. “El mundo moral –dice Robespierre-, mucho más aún que el mundo físico, parece lleno de contrastes y enigmas. La naturaleza nos dice que el hombre ha nacido para la libertad y la experiencia de los siglos muestra al hombre como esclavo. Sus derechos están en su corazón, en su …, en su rostro.

Hay, pues, que cambiar de género humano; eso es, cambiar de mundo, puesto que cambiar de mundo y no de cambiar el mundo, en rigor, se trata. Purificar, depurar -si no tememos a la transparencia del sinónimo- a esa especie que –dice Robespierre- respeta a Catón y se curva ante el yugo de fresno. Cambiar de hombre; depurar a ese que existe, a eso que existe y que no es en plenitud aún un hombre. Educar –no instruir- desde la instancia salvadora del Estado, esa nueva y definitiva iglesia. Y el parto del hombre nuevo, aquel tan viejo destino paulino, inicia su travesía del presente para cuya aniquilación ha sido programado. Y en el presente, la de aquellos que habitan –él mismo, el primero-. No se duda siquiera ante la doctrina del Estado ni se lo espera.

“Vosotros, fundadores de la República -dice Robespierre-, guardaos de perder la esperanza en la Humanidad o de poner por un momento en duda el éxito de vuestras grandes empresas. Todo ha cambiado en el orden físico; todo debe cambiar en el orden moral y político”.

Frente a la mítica amenaza reaccionaria que erigiría la inmoralidad no sólo en sistema sino en religión, el nuevo Estado –salvador- alza los muros de su iglesia verdadera. Reeducándola, el alma de cada ciudadano tendrá su santoral y sus liturgias, sus fiestas y sus santos, su sacral red de dogmas y misterios. El Estado será iglesia –doctrinaria- y tendrá su específica y necesaria catequesis.

Sólo la voz de Saint Just en aquel momento resonó en ese arranque de locura de los paraísos en la tierra, como una última ocasión, desdichadamente perdida: “la libertad del pueblo está en su vida privada; no la turbéis”. Roto ese dique, no hubo ya línea de repliegue.

Hay dos o tres pasajes en que no logro entender lo que dice G. Albiac; lo siento.
[2] Enviado por Ikayé desde Europe el 07/03/2008 a las 16:03:45


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