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Reeducación para la ciudadanía - 18/02/08
La invitada de Gabrial Albiac en Reeducación para la ciudadanía es la viceconsejera de Educación de Madrid, Ana Delibes. Además, el espacio abordará los manuales que estudian los profesores antes de formar a los alumnos. ¿Quién enseña Ciudadanía a los enseñantes?.

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6 Comentarios


No sería mala idea ir preparando un cambio del sistema educativo.

Donde se premie el talento y se formen élites intelectuales con vocación reformista.Que aumenten la eficiencia en la productividad material e intelectual de la ciudadanía.Y por consiguiente la riqueza y el nivel de vida de todos los ciudadanos.

Se le podrá acusar a Gabriel desde las tribunas académicas más autocomplacientes y el relativismo moral, pero políticamente correcto, reinante; que peca de alarmista.Pero el filósofo no hace más que ser un espectador privilegiado que observa cómo nuestros dirigentes pretenden crear una nueva sociedad infantilizada al servicio de ideas ya superadas.

Un par de generaciones más y lo consiguen.No es poco lo que nos jugamos,compañeros de espacio y tiempo,no es poco.

Aunque parece que hay vida inteligente más allá de los pirineos.No creo que el virus de Alicia sobrepase la comunidad autónoma de Cataluña.

Pero acá...

Lo mismo dura Marzo,Abril,Mayo;Junio,Julio...

Siempre quedará el exilio interior, que decía Agapito Maestre.

Buenas noches.
[1] Enviado por Kanoute desde Spain el 19/02/2008 a las 23:02:22


1 Tabla rasa con el sesentayochismo.
[2] Enviado por TikTak desde Spain el 20/02/2008 a las 19:02:52


6. Reeducación para la ciudadanía - 18/02/08 – La escuela republicana en el estruendo de la revolución francesa.
http://www.libertaddigital.tv/ldtv.php/programas/ver-reeducacionparalaciudadania/reeducacion_para_la_ciudadania_18_02_08/

“En el estruendo de las más mortíferas tormentas de la revolución francesa, las que arrumban cadáveres como hojas secas en las siete semanas que van del decreto de gran terror del 22 Prairial al 9 Termidor y el fin de Robespierre, una discreta comisión de sabios talla impávida, en el cabecear de un barco que parece irse a pique, el engranaje que por encima de vaivenes históricos habrá de cerrar cualquier vía de retorno al viejo régimen. Pocos instantes tan majestuosos, tan conmovedores, hay en la Edad Moderna cuanto las solemnes palabras con las cuales Lakanal, en nombre de los comisionados, da cuenta a la Convención, en diciembre de ese año 1794, de la vocación perenne de eso que han conseguido elaborar y de la fe en un futuro nuevo que movió su perseverancia: “el Universo, la posteridad sabrán que en medio de las tempestades de una revolución sin precedente –proclama Lakanal-, en las crisis que una guerra castigaba con su fuego a veinte naciones, mientras que en medio del terror, con una mano combatíais el crimen y las inmoralidades, y con la otra cicatrizabais las heridas recibidas por la Patria a manos de sus hijos fratricidas, vuestro genio infatigable, combatiendo sin reposo la ignorancia y el vandalismo que amenazaban con anegar a la República, alzaba un templo inmenso, un templo eterno y sin modelo previo a todas las artes, a todas las ciencias, a todas las ramas de la industria humana y asegurabais a la Nación, con ello, una superioridad más gloriosa sobre los pueblos del Universo que cuantas nos hayan sido dadas por el éxito de vuestras armas triunfantes.”
Esa arma proclamada por Lakanal no es otra que la instrucción republicana. Porque tal vez puedan volver los reyes, piensa Lakanal; quizá retornen los vicios más oscuros de los tiempos preconstitucionales. Y, efectivamente, a lo largo del XIX volverán unos y otros. Más no perdurarán. La revolución –pensaba Lakanal- habría de ser ante todo una blindada instrucción pública mediante cuyo duro curso de esfuerzo y competencia, la nueva aristocracia republicana –esa meritocracia sin más genealogía que la de la inteligencia-, asentaría el armazón irrevocable de un Estado nuevo: la democracia.
No le bastará con garantizar sólo una misma enseñanza básica para el común de los ciudadanos. Sigo citando al gran Lakanal en ese año 1794: “para la gloria de la Patria, para el avance del espíritu humano, será necesario que los jóvenes ciudadanos elegidos por la naturaleza entre las clases ordinarias hallen una esfera en la cual sus talentos puedan expandirse, sea cual fuere el estado en que el azar los hizo nacer; sea cual fuere su fortuna, la Nación se hace cargo de su genio.”
Se hace así ley, en voz de Lakanal, el ideal que Condorcet –que, ya a esa altura, ha sido aniquilado por el vendaval robespierriano- había proclamado y anhelado: “que aun dando a todos igual instrucción –decía Condorcet-, esa igual instrucción que a todos es posible extender, la República no niegue a ninguna porción de ciudadanos aquella elevadísima instrucción que no puede ser compartida por la masa entera de los ciudadanos, de los individuos, pero que es imprescindible para la grandeza de la República”.
Tal fue la grandeza de la escuela republicana y el universo de modernidad que fundó, al cual ningún hombre libre puede renunciar sin perder en su renuncia misma la condición ciudadana. La enseñanza, para nuestra desdicha, en la España socialista, ha optado por la vía inversa a la de Condorcet, inversa a la de Lakanal: destruir cualquier control, cualquier esfuerzo, cualquier competencia, cualquier selección, cualquier mérito. Dejar pasar e igualar a todos en el cero. Condorcet o Lakanal hubieran visto eso, sin la menor duda, como un retorno a lo más arcaico, a lo más negro del viejo régimen”.
[3] Enviado por Ikayé desde Europe el 26/02/2008 a las 10:02:21


Buen paralelismo con The Wall de Pink Floyd.
EPC = picadillo intelectual
[4] Enviado por faramba desde Spain el 28/02/2008 a las 01:02:08


Gracias, Ikayé. Gracias por tu esfuerzo transcriptor.
[5] Enviado por Refesnes desde Spain el 05/03/2008 a las 22:03:52


Este comentario lo debería haber escrito mucho antes, pero nunca es tarde si la dicha es buena. Me ha dejado impresionado lo que comentaba Alicia Delibes. Tengo 30 años y por fín, después de 20 años, entiendo algo que tenía grabado a fuego en la memoria. Yo no entendía POR QUÉ se nos había enseñado Teoría de Conjuntos en la escuela mientras que NO se nos había enseñado ecuaciones de segundo grado. Tampoco entendía por qué había tenido una profesora de matemáticas tan pésima, que llegué incluso a corregirle algún ejercicio (un niño a la profesora).
Ahora por fin sé que la culpa es de la secta pedagógica y los progres, y que mi vida sería ahora muy diferente sin su perniciosa intervención.
Da escalofríos sólo de pensarlo, y eso que me pude librar de la LOGSE.
[6] Enviado por thebaldy desde Spain el 09/04/2008 a las 08:04:40


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